viernes, 21 de agosto de 2009

Niños

Los niños pequeños son criaturas maravillosas. Son seres libres en gran medida de las exigencias de nuestra loca sociedad y sobre todo: no tienen miedo.

Los niños no nacen con miedo a cosas, más bien al contrario, nacen con una curiosidad desbordante que les lleva a asimilar en muy poco tiempo muchísima información sobre el nuevo mundo al que han llegado. Todo lo miran, todo lo tocan, todo se lo llevan a la boca, que es básicamente por donde ellos empiezan a entender el mundo. Es en este momento en el que entran en juego los padres. Algunos padres se ocupan de sus hijos, como es normal, y les advierten de que el fuego quema, de que los coches atropellan o de que las caidas duelen. Otros viven en un estado permanente de preocupación neurótica en el que intentan la titánica tarea de evitar a sus hijos todo tipo de dolor o sufrimiento.

Este tipo de actitud genera exactamente los resultados contrarios. La sobreprotección crea niños inseguros, que no se atreveran a explorar el mundo solos, que vivirán con miedo a todo, pero que no aprenderan nada de la vida. En última instancia, no es más que una transfusión de miedos via padre-hijo, sin madurez, sin evolución.

Eckhart Tolle, en su libro "Un mundo nuevo, ahora" decía: "¿No sería maravilloso poder evitar todo tipo de dolor a nuestros hijos?" y él mismo contestaba: "No, no lo sería. Porque a través de él aprendemos sobre nosotros mismos. La paz interior es la ausencia de dolor emocional, pero solo a través dolor se llega a ella".

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