¿Cuál es nuestra verdadera naturaleza? ¿Nacemos como seres dispuestos para el bien y la sociedad y su violencia termina corrompiéndonos? ¿O más bien somos animales feroces que la socialización consigue amansar?
Hasta hace poco, estas preguntas no tenían respuestas. Los filósofos teorizaban y teorizaban, pero nadie podía aportar ninguna prueba, porque para tener la respuesta a la esencia humana había que llevar acabo un terrible experimento: coger a un recién nacido, arrancarlo de su madre, y dejarlo en absoluta soledad en mitad de la naturaleza. Mientras, se le observaría y podríamos ver en qué se convertía.
Pero lo cierto es que no hacía falta ningún experimento. En varias ocasiones, en desconocidas circunstancias, niños han crecido en mitad de lo salvaje. Algunos en completa soledad, otros, formando parte de una manada de lobos o entre osos.
Existen varios casos documentados, uno de los más famosos es el de Victor de Aveyron. Se le encontró con 12 años en un bosque francés, no hablaba, solo gruñia. Olía todos los alimentos antes de comerselos y se arrancaba amordiscos la ropa que le ponían. Al haber crecido en completa desnudez, no sentía frío. Al principio se creyó que era sordo, porque no reaccionaba ni cuando se le gritaba y, sin embargo, se giraba cuando se cascaba una nuez a su espalda.
Otro caso maravilloso es el de unas hermanas que se criaron con lobos. Formaban parte de la manada. Cuando se les encontró tenían 2 y 8 años. Solo gateaban y por supuesto no hablaban, sólo gruñian y aullaban. Comían carroña de animales muertos y lamían los liquidos.
Estos casos increibles dejan claro que somos animales. Que sin lenguaje y sin crecer en un entorno que potencie las habilidades mentales que hoy nos son tan normales, no nos diferenciaríamos demasiado de los hombres primitivos que nos han pintado viviendo en cuevas y con un garrote en la mano. Pero a la vez deja patente la capacidad del ser humano para vivir en la naturaleza, aprobechando los recursos que ella nos da. Muchos de estos niños subian a los árboles de forma increible y se movían de noche sin dificultad. Los seres humanos actuales estamos desconectados de esa esencia. Lo natural nos resulta extraño. Como dijo Harlan Lane "si Victor hubiera llevado a sus médicos a los bosques, si hubiese examinado su mirada, su capacidad auditiva, su sentido del tacto y sus destrezas motoras, se habría visto obligado a situarlos en la categoría de animales heridos o con deficiencias".
INFO: MUY INTERESANTE - Nº340
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